En la vida hay que tomar decisiones, y ésta no ha sido fácil. Me he pasado el verano sopesando los pros y los contras de irme a vivir a Barcelona, ciudad en la que estaba admitida en un máster, o de quedarme aquí.
No me hubiese venido mal cambiar de aires, la verdad. En un principio la idea me parecía agradable, pero a medida que pasaba el verano me estaba dando cuenta de que quizás no fuera la mejor opción, al menos de la forma en que yo quería hacerlo. Y cuando quisiese volver sería más difícil retomar mi vida.
Pero ahora ya lo tengo claro, me quedo aquí, en mi ciudad. Ayer tuve una larga charla con dos investigadores cuyos proyectos me encantan, y se preocuparon tanto por mí y me lo pintaron tan bien (a excepción de que seguiría dependiendo de becas) que me quedo. Empezaré a pasarme por los laboratorios ya el mes que viene, a pesar de que el máster no empiece hasta noviembre. Y si todo sale bien, haré el doctorado.
Sé que es difícil y el camino es duro. Pero estoy decidida a hacerlo. Deseadme suerte.